lunes, 24 de abril de 2017

Carta de libertad

Sábado 22 de abril, 15:30 hs.

Estimado amigo:
La siguiente nota es para darle a saber todas las cosas que rondaron en mi cabeza alrededor de los últimos 18 años, exceptuando por supuesto, la etapa en la qué me dedicaba mas a caprichos estúpidos, que a pensar bien las cosas. Pero de todas formas, si le interesa saberlo, la infancia no es algo que recuerde con cariño. No me malentienda, reemplazaría todos aquellos pequeños momentos de felicidad e inocencia que viví en esa primera década, por los sentimientos fríos y amargados de ahora. Eran bastantes insignificantes, y no van al caso, pero son parte de mí de alguna forma. Si puedo destacar algo de esta etapa, es que conviví con dos entidades, un ángel y un demonio. No sé si será correcto verlos así, pero es la inocente u oscura forma en que siempre los vi. Ellos siempre estuvieron enfrentados, creo que no se agradaban, y no supe jamas como controlarlos... Bueno, tampoco lo sé hoy en día. Pues ellos aún tienen cruces, por suerte ya no logran influir tanto en mí, en un tiempo, no supe identificar bien cual era cual, eran escurridizos. Entonces, quiero liberarme de ellos y de sus cruces.
No creo que haya madurado, o quizás si. Digamos, estoy orgulloso de mí, creo que no me cambiaría por nadie. Aunque a veces me juega en contra, no me considero una persona muy especial, seguro hay miles como yo, mejores. Simplemente soy una persona amargada, prefiero la individualidad, nunca me gustaron los grupos grandes, y creo no aparecer en las fotos de varios familiares, debe ser por eso que la amistad siempre fue mas importante, algo que pude forjar, y no que me tocó. No me afecta mucho, en serio. Sin embargo parece ser que a muchos que quiero si. Lo siento hermano, por eso en este nuevo camino, quiero liberarme de la bronca y la falta de empatía, pero jamás de mis ideales mas importantes.
Muchas gracias, espero que esta carta te llegue y sepas llevar tus decisiones correctamente.

lunes, 10 de abril de 2017

El monstruo

Cuando era un chico, déjame decirte, siempre supe usar muy bien mi imaginación.

Sabía darle vida a mis juguetes, y siempre me sentaba en el asiento del lado de la ventana y trataba de imaginar que algún ser corría a la par del colectivo para alcanzarme en la próxima parada. Que linda es la imaginación de un nene.
Pero déjame decirte que el miedo fue mi peor trauma, aquellas historias, aquellas películas de terror, aquel escalofrío que me recorría la espalda a la hora de acostarme, causando que transpirara de los nervios de que alguien me llamara o respirara en mi oreja, el horror a lo desconocido. No me dejó dormir bien por mucho tiempo. Las cosas cambian, no sé si se trata de madurar, se trata simplemente de un poco de sentido común. Esos espectros, esos demonios que pensás que te observan, ese amigo imaginario que invocas juntando tus manos, pensando que de alguna forma van a solucionar los problemas de tu vida nunca estuvieron ahí en realidad, y nunca van a estar, por qué el verdadero monstruo no está adentro del placard, por qué tus respuestas no están en un libro, y el paraíso no está sobre las nubes. Nunca exististe, en la oscuridad del patio solo hay ramas moviéndose con el viento y grillos, cantando. Solamente hace falta prender la luz.